CUENTITOS RAROS Y BARATOS

CUENTITOS RAROS Y BARATOS

 

 

El problema

 

Me puse a construir un laberinto.  Trabajé arduamente, agotando mi juventud y mi fuerza en el empeño.  Al final lo juzgué completo.  Cuando salí del laberinto, ya canoso, fue como entrar en un espejo: alguien, más viejo y de seguro más grande que yo, había pasado penas que imagino semejantes a las mías para construir otro laberinto, del cual el mío no constituía sino un pequeño elemento.

 

 

 

  El dilema

 

Queriendo lucirse, la esfinge le preguntó a Teseo: cual es el animal más inteligente del mundo, con patas y cuerpo de león y cabeza de Egipcio.  Y Teseo bromeando le contestó “el hombre” y la esfinge, ofendida, juró nunca volver a preguntarle nada a nadie y se hizo piedra.  Ahora nosotros, los descendientes de Teseo, frente a la desgastada escultura nos preguntamos: cual es el animal más inteligente del mundo, con cuerpo y patas de león y cabeza de Egipcio.

 

El caballero

 

 

Me le acerqué y poniéndole una mano en el hombro le dije: mirá hermano, no te dejés engatusar por el sofisma de la personalidad.  Es una construcción falsa, un vano empeño por una forma sin estilo, una concreción de nada concatenada a la nada, el brillante ojo negro de la apariencia.  El sólo se me quedó viendo, la sonrisa perfectamente  compuesta, el cabello hermosamente desordenado y en los ojos esa aura estelar del que nunca pierde.  Ni sus pestañas parpadearon, ni pude imaginar que el sudor atreviera a posarse sobre tan fino caballero.

 

La visita

 

 

En mi país las visitas son diferentes.  La gente viene sin anunciarse, se queda horas interminables y con frecuencia se va sin despedirse.  Una visita es necesariamente algo que tiene que estimarse con mucho cuidado, pero mientras se está con el visitador, es obligatorio fingir un total desenfado, como si éste viviese en casa de toda la vida, y como si nada suyo e idiosincrásico tuviese la capacidad de sorprendernos o perturbarnos.  Los antiguos explican esta rara actitud diciendo que es normal no querer que nuestro placer sea demasiado obvio, no vaya a ser que el que nos lo proporciona, por cortesía y fineza de no querer empalagarnos, nos suspenda o reduzca la dosis.

 

Sociedad secreta

 

Mi amigo se enamoró de una lavadora automática.  El día que se le declaró -–lo juro por todo lo que tengo a bien— ésta comenzó a descomponerse.  Un día era una cosa, el otro, otra, hasta que llegó la fecha en que dejó de funcionar por completo.  Ya a estas alturas mi amigo estaba en el pleno ardor de su amor.  Pero a partir de ese momento le declaró una guerra total a las máquinas. No pasaba un día que no intentase añadirles un poco de mal para poco a poco irlas destruyendo.  En Septiembre, por fin hechas todas sus pruebas, terminamos por aceptarlo.  Ingresó por voto unánime a nuestro concilio secreto, cuya naturaleza y existencia, mi querido e ignorante lector, dejo a tu imaginación y a tu duda.

 

Cinco minutos

 

En cinco minutos escribiré este cuento de nunca acabar que comienza diciendo en cinco minutos el autor se propone escribir un cuento de nunca acabar en el que el que escribe dice que va escribir un cuento en cinco minutos pero que el cuento mismo es de nunca acabar porque cuenta la historia de un escritor que ha resuelto escribir un cuento en cinco minutos pero que el cuento es de nunca acabar, se dan cuenta?